Siempre que visito un colegio (no sólo por trabajos de la universidad sino por mi sobrino), siento una gran emoción. Esa emoción reside en el hecho de que dentro de unos años voy a ser yo la que haga lo que esos profesores hacen. Cuando observo a los maestros, siento una gran admiración y respeto, ellos son el todo en el mundo escolar de un niño: psicólogos, médicos, padres, gestores de paz, enseñantes. Al pisar la escuela, escuchar el ruido escolar, las campanas y los profesores llamando al orden, me estremezco y siento como si hiciera una regresión a mi infancia, a mi manera de ver la escuela como un refugio. Finalmente, vuelvo a la realidad y pienso que también yo seré uno de esos Grandes constructores de la Historia, que sin darse cuenta, cambiaron y cambiarán la vida de muchos. Entrar pues, al Colegio Antonio José Camacho, me remitió inmediatamente a las mismas emociones.
Pasada la emoción y siendo más realista, lo primero que noté es que la infraestructura del Colegio no era muy apropiada para estudiar. El orden, el aseo, lo estético, el cuidado de las cosas, también hacen parte de la vida de un estudiante, si lo que se busca es una formación integral como la ha planteado el ministerio de Educación. Un niño o joven, necesita sentirse cómodo en ese ambiente en el que pasa la mayor parte de sus primeros años y donde vive una gran parte de las experiencias mas importantes de su vida.
El siguiente video, muestra el valor que tienen espacios físicos para el aprendizaje:
A pesar de esta falencia y teniendo en cuenta que los seres humanos tenemos la capacidad de resiliencia (de soportar una situación y de reorganizarnos interiormente para superarla y verle el lado positivo), y de adaptarnos a cualquier condición espacial, recordé que como seres humanos podemos embellecer psicológicamente lo que físicamente es desagradable e inapropiado hasta el punto de ver físicamente bello, aquello que no lo es. Y esta transformación se da, cuando, como sujetos sociales nos relacionamos y establecemos un vínculo los unos con los otros, pues el afecto, produce una sensación de comfort tanto en el mundo interior del sujeto como en el exterior. En el caso de la escuela, este vínculo se da en el aula, en las interacciones que propicie el maestro para que haya una construcción de aprendizaje, no solo a nivel cognitivo, sino también social y afectivo.
Esto que he mencionado, tiene la finalidad de describir lo que se observa en una clase con el profesor James (profesor de Matemáticas para los grados Décimos y Undécimos). Además de su gran conocimiento y competencia en el área de las matemáticas, es un educador de los valores (el saludo, la interacción, el respeto), del lenguaje y el respeto, de la comprensión. Su actitud con los estudiantes es de tanta amabilidad que sus alumnos lo tratan como un amigo, pero un amigo que tiene un lugar especial en el aula. Una de las acciones más destacadas en el profesor James, es la de saludar con un apretón de manos a los alumnos que van llegando, mirarlos a los ojos y preguntarles cómo están.
Lo anterior me recuerda una cita de Max Van Manem (2004), en el texto "El tono de la Enseñanza", en la cual menciona lo siguiente, refiriéndose al saludo y a la despedida:
"Naturalmente, dar la bienvenida y despedirse debe ser más que un mero ritual. El valor de esta costumbre es que fija el tono de las relaciones y las situaciones interpersonales. Con el apretón de manos el profesor siente la forma de ser del niño y a la vez le da forma y contenido. El buen profesor reconoce el apretón de manos tímido, el reticente, la mano llena de energía, al niño ausente, al seguro de sí mismo. Sabe cómo reaccionar con tacto a la mano que le tiende el alumno: qué decir, qué ignorar, qué observar" (Van Manem, M., 2004, p. 40)Y en realidad el profesor James es un hombre sensible a cada estudiante, sabe ver sus habilidades y también sus falencias y sabe preocuparse por que estas sean mejoradas.
Les comparto estas dos apreciaciones anteriores sobre mi visita al colegio. Ademas en mi experiencia como observadora, me doy cuenta que es una habilidad que se va desarrollando poco a poco y que cada vez nos hace ser más específicos y más centrados en los objetivos de la observación. Además vamos aprendiendo a ser menos interpretativos y más perceptivos, menos críticos y más constructivos.
BIBLIOGRAFIA
Bosch, R. (2016). Entrevista a Rosan Bosch. [video] Available at: https://youtu.be/s82NMODsj_w [Accessed 29 Sep. 2016].
Bosch, R. (2016). Entrevista a Rosan Bosch. [video] Available at: https://youtu.be/s82NMODsj_w [Accessed 29 Sep. 2016].
Van Manem, M. (2004). El tono de la enseñanza. p. 40
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